Los tres periodistas deportivos coincidieron en un rincón apartado del salón que la Federación Peruana de Fútbol había acondicionado para los respectivos brindis. Todos llevaban las camisas fuera del pantalón, las corbatas holgadas y las mejillas coloradas.
—¡Por fin se nos dio! —exclamó Coqui, bastante achispado por el pisco sour.
—Ahora te subes al carro, ¿no?- respondió Phillip. —Pero hace unos meses ya habías tirado la toalla.
—Siempre aflora en algunos el carácter derrotista antes de tiempo. —dijo Eddie.
—Vamos, hombre, sabes bien que soy un manojo de nervios. —repuso Coqui. — Además, no quería ilusionarme.
—¡Qué va! Si ya estaba cantado que lo conseguiríamos. —dijo Phillip, antes de darle un largo sorbido a su ron.
—Quizás no podía afirmarlo con la seguridad de Phillip, pero sí pues, se veía venir Coqui.
—Eres joven todavía, nosotros ya sabemos cómo es. —agregó Phillip, mientras se le dibujaba una sonrisa cómplice en el rostro
El único mozo en la reunión se acercaba a ofrecerles bocaditos. Coqui lo advirtió y les pidió a sus colegas que callaran de inmediato. Solo Phillip se sirvió de la bandeja. Cogió dos empanadas de queso y despachó al sirviente.
—Es mejor no seguir hablando aquí. —dijo Coqui, muy preocupado.
—Tienes razón —convino Eddie —Tiempo de sobra tendremos ahora con tantos viajes.
Regresaron a la mesa central, cada uno por su lado. Acababa de formarse la nueva y furtiva Comisión Mundialista, y de gestarse una eliminación más.
lunes, 19 de octubre de 2009
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