lunes, 31 de agosto de 2009

La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, Chejov salió a cenar con su amigo y confidente, Alexei Suvorin. Ellos compartían el ser nietos de siervos, tener la sangre campesina en las venas, pese a que tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario y self-made man. Sin embargo, era también uno de los escasos íntimos de Chejov, su confidente y éste gustaba de su compañía.

Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad. Estaba relajado, jovial. Acababa de sentarse cuando empezó a brotarle sangre de la boca. Luego de que Suvorin y dos camareros lo acompañaran al cuarto de baño y trataran de detener la hemorragia, Suvorin hizo que alistaran una cama en uno de los cuartos de su suite. Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones respiratorias. Cuando Suvorin fue a visitarlo días después, Chejov se disculpo por el escándalo del restaurante, pero siguió insistiendo en que su estado no era grave.

No hay comentarios:

Publicar un comentario