miércoles, 26 de agosto de 2009
No todos son gordos buenos
Basta (y sobra) un gordinflón con facha de nerd para que el director ejecutivo todopoderoso de un banco se encierre en su guarida, encaramada al tope de su fortaleza, y rehúse asomar siquiera la mano para largarlo. Michael Moore, de apariencia dócil, la imponencia de un holgazán, ojos tiernos como el de un sharpei, se presenta armado ante sus rivales de turno con preguntas incisivas y una cámara perspicaz. Esta vez consigue la atención del supervisor.
—¿Qué desea? —lo aborda el inquieto, y algo curioso, empleado.
—Vengo a reclamar el dinero del pueblo americano —responde, y le muestra un costal con el signo dólar—. Tengo más, por si acaso, no creo que aquí alcancen los diez mil millones.
El conato de pesquisa transcurre en el documental “Capitalism: A Love Story”, próximo a estrenarse, del cineasta y escritor americano. Fiel a su estilo, hace un despliegue de críticas ácidas y sesudas sobre el capitalismo y las instituciones que se benefician de sus fisuras para enriquecerse, mientras miles se van a la ruina.
Anteriormente ya había demostrado su astucia inquisitiva en libros como “Todos a la calle”, en el que trató la política de reducción de empleos, y en documentales como “Fahrenheit 9/11”, donde utilizó de marco los atentados terroristas del 11 de setiembre para cuestionar la administración Bush.
Nacido en Flint, Michigan, Moore alcanzó la fama con su película “Roger & me”, y produjo luego una serie de documentales reveladores como “Bowling for Columbine” y “Sicko”.
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