lunes, 7 de septiembre de 2009

Aquel Sendero Luminoso entregado a la lucha popular, yace ahora enclaustrado en una celda de 2 x 3m., reposa su ímpetu avasallador en un camastro y se fermenta en la mente sentina de Abimael Guzmán. El Sendero Luminoso moderno, repta agazapado por los frondosos bosques del VRAE, abastece de hoja de coca al narcotráfico de la zona, y no tiene reparos en marcar distancias con el Pensamiento Gonzalo. Si perdura algún remanente, es el trasfondo criminal de sus ataques, en los que la vida de la otra persona no tiene ningún valor. Hoy, el Perú enterró a tres de sus hijos más vulnerables ante las emboscadas senderistas: los soldados de las FF.AA.
Guzmán declaró una guerra contra el Estado peruano, que duró 10 años y dejó más de 69 280 muertos y desaparecidos. Los tres miembros de la Fuerza Aérea que fueron abatidos el pasado 2 de setiembre, cuando realizaban una maniobra de rescate a bordo de un helicóptero, son solo números inexpresivos al lado de los otros.

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