miércoles, 28 de octubre de 2009
miércoles, 21 de octubre de 2009
Mundial de algunos pocos

Los tres periodistas deportivos coincidieron en un rincón apartado del salón que la Federación Peruana de Fútbol había acondicionado para los respectivos brindis. Por la escasa decoración y la mesa oblonga para 10 personas, donde improvisadamente habían colocado la vajilla, se intuía que aquella era una sala de reuniones. Todos llevaban las camisas fuera del pantalón, las corbatas holgadas y las mejillas coloradas.
—¡Por fin se nos dio! —exclamó Coqui, bastante achispado por el pisco sour.
—Ahora te subes al carro, ¿no?- respondió Phillip. —Pero hace unos meses ya habías tirado la toalla.
—Siempre aflora en algunos el carácter derrotista antes de tiempo. —dijo Eddie.
—Vamos, hombre, sabes bien que soy un manojo de nervios. —repuso Coqui. — Además, no quería ilusionarme.
—¡Qué va! Si ya estaba cantado que lo conseguiríamos. —dijo Phillip, antes de darle un largo sorbido a su vaso.
—Quizás no podía afirmarlo con la seguridad de Phillip, pero sí pues, se veía venir Coqui.
—Eres joven todavía, nosotros ya sabemos cómo es. —agregó Phillip, mientras se le dibujaba una sonrisa cómplice en el rostro
El único mozo en la reunión se acercaba a ofrecerles bocaditos. Coqui lo advirtió y les pidió a sus colegas que callaran de inmediato. Solo Phillip se sirvió de la bandeja. Cogió dos empanadas de queso y las atenazó con los dedos de su mano izquierda. En la derecha sostenía el ron que se negaba a terminar. Eddie, por su parte, pidió que le trajeran un whisky. Luego despachó al sirviente.
—Es mejor no seguir hablando aquí. —dijo Coqui, muy preocupado.
—Como tú digas. —convino Eddie —Tiempo de sobra tendremos ahora con tantos viajes.
Regresaron a la mesa central. La íntima celebración estuvo colmada de guiños, risotadas y groserías de triunfante júbilo. Se habló de todo, pero nunca del motivo que los congregaba. Acababa de formarse la nueva y furtiva Comisión Mundialista… y de gestarse, por adelantado, una eliminación más.
lunes, 19 de octubre de 2009
Mundial de algunos pocos
Los tres periodistas deportivos coincidieron en un rincón apartado del salón que la Federación Peruana de Fútbol había acondicionado para los respectivos brindis. Todos llevaban las camisas fuera del pantalón, las corbatas holgadas y las mejillas coloradas.
—¡Por fin se nos dio! —exclamó Coqui, bastante achispado por el pisco sour.
—Ahora te subes al carro, ¿no?- respondió Phillip. —Pero hace unos meses ya habías tirado la toalla.
—Siempre aflora en algunos el carácter derrotista antes de tiempo. —dijo Eddie.
—Vamos, hombre, sabes bien que soy un manojo de nervios. —repuso Coqui. — Además, no quería ilusionarme.
—¡Qué va! Si ya estaba cantado que lo conseguiríamos. —dijo Phillip, antes de darle un largo sorbido a su ron.
—Quizás no podía afirmarlo con la seguridad de Phillip, pero sí pues, se veía venir Coqui.
—Eres joven todavía, nosotros ya sabemos cómo es. —agregó Phillip, mientras se le dibujaba una sonrisa cómplice en el rostro
El único mozo en la reunión se acercaba a ofrecerles bocaditos. Coqui lo advirtió y les pidió a sus colegas que callaran de inmediato. Solo Phillip se sirvió de la bandeja. Cogió dos empanadas de queso y despachó al sirviente.
—Es mejor no seguir hablando aquí. —dijo Coqui, muy preocupado.
—Tienes razón —convino Eddie —Tiempo de sobra tendremos ahora con tantos viajes.
Regresaron a la mesa central, cada uno por su lado. Acababa de formarse la nueva y furtiva Comisión Mundialista, y de gestarse una eliminación más.
—¡Por fin se nos dio! —exclamó Coqui, bastante achispado por el pisco sour.
—Ahora te subes al carro, ¿no?- respondió Phillip. —Pero hace unos meses ya habías tirado la toalla.
—Siempre aflora en algunos el carácter derrotista antes de tiempo. —dijo Eddie.
—Vamos, hombre, sabes bien que soy un manojo de nervios. —repuso Coqui. — Además, no quería ilusionarme.
—¡Qué va! Si ya estaba cantado que lo conseguiríamos. —dijo Phillip, antes de darle un largo sorbido a su ron.
—Quizás no podía afirmarlo con la seguridad de Phillip, pero sí pues, se veía venir Coqui.
—Eres joven todavía, nosotros ya sabemos cómo es. —agregó Phillip, mientras se le dibujaba una sonrisa cómplice en el rostro
El único mozo en la reunión se acercaba a ofrecerles bocaditos. Coqui lo advirtió y les pidió a sus colegas que callaran de inmediato. Solo Phillip se sirvió de la bandeja. Cogió dos empanadas de queso y despachó al sirviente.
—Es mejor no seguir hablando aquí. —dijo Coqui, muy preocupado.
—Tienes razón —convino Eddie —Tiempo de sobra tendremos ahora con tantos viajes.
Regresaron a la mesa central, cada uno por su lado. Acababa de formarse la nueva y furtiva Comisión Mundialista, y de gestarse una eliminación más.
lunes, 21 de septiembre de 2009
¡Vientos de guerra interna?

Corrían las primeras horas del día y el depuesto presidente, Miguel Zelaya, pisaba tierra hondureña luego de casi tres meses de exilio y un largo viaje por tierra. Enseguida, buscó refugio en la embajada brasileña, donde permanece hasta ahora, y en la que a lo largo del día se fueron aglomerando sus partidarios.
Zelaya fue derrocado el 28 de junio del presente año a manos de Roberto Micheletti. Esto sucedió debido a que un proyecto de cambio constitucional, que permitía la reelección, alarmó a miembros del Congreso, la Corte Suprema y a varios integrantes de su partido.
A través de un breve comunicado, la Administración del gobierno de facto de Honduras decretó hoy un toque de queda a nivel nacional, que se inició a las 16.00 hora local y cesaría a las 07.00 hora local del martes. En dicho informe se explicó, además, que la medida se tomó a partir de los recientes acontecimientos, con la intención de “proteger la tranquilidad,la vida y los bienes de las personas”.
Goles son (des)amores: Ramón Quiroga

No hubo plegaria alguna levantada por los hinchas de Rosario Central que retuviese al guardameta argentino Ramón Quiroga. Primero, mudó de club al Sporting Cristal en 1973 y, cuatro años más tarde, se nacionalizó peruano, tras el ofrecimiento de jugar por la selección.
Pero como la justicia divina a veces llega tarde, tampoco sirvieron las súplicas de los peruanos para detener el vendaval de goles que Argentina le asestó a Perú en el mundial del 78'. El controversial partido acabó 6 a 0 y con Quiroga como el principal sospechoso de facilitar el soborno.
En 1985 pasaría a la U, con la que salió campeón, participó en la Copa Libertadores y en la que, ya retirado, darìa sus primeros pasos como entrenador. Esto le abrió las puertas para dirigir, más adelante, a los primeros equipos del Cienciano, León de Huánuco, Deportivo Municipal y Alianza Atlético de Sullana.
No obstante, jamás pudo librarse de la polémica generada por el abultado resultado en contra. Inclusive, las dudas se avivaron cuando le confesó a un periodista que todavía se sentía más argentino que peruano.
Al parecer sus ruegos sí fueron atendidos, y es que ahora trabaja de comentarista en un canal de cable, lo que le permite refugiarse, por el momento, de esas preguntas fastidiosas, mas nunca inoportunas.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Charles Bukowski: La mala vida de la buena muerte
Charles Bukowski es Hank Chinaski y Hank Chinaski es Charles Bukowski. Mientras que Bukowski apuntilla las teclas de su vieja máquina de escribir, presa de la indolencia y brillantez que se apoderan de su mente cuando está achispada por el alcohol, Hank busca desesperado, por encargo, una licorería para empatarse con su otro yo. Lógicamente, la encuentra, y por fin está listo para conversar.
Ambos son, además de borrachos empedernidos, fumadores compulsivos y misóginos a medias, cuando les conviene. Sus días transcurren entre caminatas errabundas, entrevistas de trabajo infructuosas, putas indómitas que ellos llaman novias y refriegas en bares de mala muerte.
Bukowski despotrica con Hank de la maldita vida que nunca lo pudo acoger, pero en el fondo sabe que es él quien la rechazó. Su forma de ser no tiene cabida en este mundo, y esto Hank se lo hace notar cada vez que puede, o le dejan, o se deja, como ahora: “Charles, hermano, cómo esperas pertenecer a un mundo que lucha por vivir, cuando tu persistes en vivir muriendo”.
De pronto Bukowski suelta una carcajada seguida de un tufo a sorna e irreverencia, despega las yemas de sus dedos de las erosionadas teclas y se aleja tambaleante del escritorio. Hoy se cansó rápido de oír a Hank, o quizás se aburrió de hacerlo hablar. Siempre es más fácil lidiar con esas pesadas cargas cuando se tiene donde depositarlas. A diferencia de las otras personas, que cuando lo logran se abocan a vivir, Charles se dedica a seguir libando, a seguir fumando, a seguir muriendo con dulzura.
Ambos son, además de borrachos empedernidos, fumadores compulsivos y misóginos a medias, cuando les conviene. Sus días transcurren entre caminatas errabundas, entrevistas de trabajo infructuosas, putas indómitas que ellos llaman novias y refriegas en bares de mala muerte.
Bukowski despotrica con Hank de la maldita vida que nunca lo pudo acoger, pero en el fondo sabe que es él quien la rechazó. Su forma de ser no tiene cabida en este mundo, y esto Hank se lo hace notar cada vez que puede, o le dejan, o se deja, como ahora: “Charles, hermano, cómo esperas pertenecer a un mundo que lucha por vivir, cuando tu persistes en vivir muriendo”.
De pronto Bukowski suelta una carcajada seguida de un tufo a sorna e irreverencia, despega las yemas de sus dedos de las erosionadas teclas y se aleja tambaleante del escritorio. Hoy se cansó rápido de oír a Hank, o quizás se aburrió de hacerlo hablar. Siempre es más fácil lidiar con esas pesadas cargas cuando se tiene donde depositarlas. A diferencia de las otras personas, que cuando lo logran se abocan a vivir, Charles se dedica a seguir libando, a seguir fumando, a seguir muriendo con dulzura.
Gata fiera

A Naomi Campbell se la trata con recelo, no se puede adivinar ni intuir cuando le sobrevendrá un rapto de ira que expulse fuera de sí rasguños, manotazos, procacidades o celulares. Hace algún tiempo, fue sentenciada a realizar servicios comunitarios por agredir a una de sus empleadas con uno de estos aparatos. Pero por más pisos que fregó y fregó, no tuvo reparos en descargar su rabia, esta vez, contra un agente policial que pretendía bajarla del avión, tras haber armado un escándalo y violentado a un asistente de vuelo.
Luego de percatarse de que sus maletas podrían haberse extraviado, montó en cólera contra el desafortunado empleado. En vista de que la situación se tornaba incontrolable, este mandó llamar a un efectivo de seguridad, quien, al pretender retirarla de la nave, fue blanco de un sendo gargajo por parte de la modelo.
El perfil de agresividad que ostenta Naomi ha podido constatarse en reiteradas ocasiones, como cuando, durante un viaje en el fastuoso yate de su entonces multimillonario novio, le increpó al chef su escaso tino al elegir la pasta y el vino, demérito que, para ella, era digno de una golpiza.
Fue la primera modelo afroamericana en ser portada de la afamada Vogue. Sin embargo, sus posteriores apariciones en revistas no se debieron a que se encaramaba como una abanderada de la raza negra, sino que despuntaba como la modelo de historial más negro.
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